El manejo de la economía en los últimos cinco años fue sinónimo de prudencia, equilibrio y orden. Permitió continuar con las reformas que el régimen fujimorista interrumpió bruscamente y colocó al país en una situación expectante en el ámbito regional. Mantener dicha estabilidad es indispensable para garantizar un crecimiento sostenido que redunde en beneficio de todos los peruanos.
El desarrollo exige máxima producción, mínima inflación y déficit cero. Es decir, mantener y consolidar el orden económico que propugna el quinto de los pilares de esta Agenda de Gobierno. Y es que dentro de una economía social de mercado, el Estado debe cumplir un papel promotor de la inversión privada, interna y externa, más aun en un país como el nuestro con un ahorro nacional insuficiente.
Para soportar las crisis financieras y otras contingencias internacionales, que en el pasado frenaron el crecimiento nacional, es imperativo que el Perú brinde confianza y estabilidad a los agentes económicos, para garantizar inversión estable y productiva.
Quien gobierne el Perú deberá tener muy presente que el objetivo primordial de una economía social de mercado es mejorar la calidad de vida de todos los peruanos, algo que no podrá conseguir a través de populismos ni mesianismos de triste recordación en nuestro país.