Menospreciada desde siempre en el Perú, la cultura ética se presenta en el mundo globalizado de hoy como la necesaria plataforma a insertar en el Gobierno y la sociedad sobre la cual hay que estructurar con solidez el desarrollo del país.
Si no asumimos comportamientos éticos, los derechos y deberes serán siempre principios inaplicables. Si no actuamos éticamente, nunca generaremos confianza… y sin confianza resulta nada menos que imposibles pretender desarrollarnos internamente e internacionalizar nuestras políticas. Si no ordenamos éticamente nuestra vida interior, nunca podremos insertarnos con éxito en el mundo exterior.
Vemos así que el desarrollo ético no es una cuestión lírica. Sin la plataforma moral que nos proporciona, es prácticamente imposible hoy en día lograr el cumplimiento de nuestras metas y objetivos de Gobierno y Estado. Si los peruanos queremos encontrar una razón estructural por la que nos hemos mantenido en el subdesarrollo, pues aquí la tenemos: haber relegado a un segundo o tercer planos la cuestión ética y moral.
El próximo gobierno tiene una responsabilidad ineludible e inconmensurable: propiciar una nueva cultura ética en el país