Educación, salud y seguridad son las tres columnas sobre las que se apoya el progreso de un país: la ausencia de cualquiera de ellas nos condena al subdesarrollo. Son también la justificación principal para los tributos que pagamos al Estado. Y son, sobre todo, tres derechos humanos que todo Estado civilizado debería de estar en capacidad de garantizar a sus ciudadanos.
Nuestro problema educativo es tan antiguo como serio. Prefiriendo concentrarse en asuntos más rápidos y visibles resultados y, consiguientemente, mayor rentabilidad política cada gobierno lo deja para el siguiente. Se perpetúa así la más injusta de las desigualdades: la que determina todas las siguientes. Y es que cuanto menos educación tiene una persona, menos competitiva es.
Por su lo anterior fuera poco, la falta de educación es también un lastre sobre el crecimiento nacional, el PBI de los países crece con relación a la calidad de conocimiento de la creatividad y el trabajo de sus habitantes. Es también una auténtica barrera social y cívica que mina nuestra democracia, ya que es fácilmente engañado quien no está bien informado o no tiene suficiente capacidad de discernimiento.
La salud, por su parte, va estrechamente de la mano con la educación. Sin salud no se pueda hacer nada bien, incluyendo educarse. Esto nos da pues una clara idea de lo grave que es que una cuarta parte de la población peruana no tenga acceso alguno a la salud.
LFinalmente, sin seguridad, nuestra salud emocional y física está desprotegida, al igual que cualquie cosa que pudiésemos conseguir con la educación, y la vida misma en sus más variadas actividades individuales y colectivas. En el caso concreto de la seguridad ciudadana es cada vez más un motivo de preocupación para los peruanos que sufren desde olas de secuestro urbanas hasta la gran amenaza nacional que represente el narcoterrorismo, contra el cual no tenemos una política de Estado bien definida.
Educación, salud y seguridad: tres cimientos sin los cuales es inútil que intentemos cualquier construcción nacional.