Inmersos en un nuevo siglo, la principal preocupación de los peruanos radica en afirmar la institucionalidad democrática y el Estado de derecho, de modo que los ciudadanos se sientan identificados con un sistema político y una administración de justicia que aún perciben como lejanos y hasta ajenos. Quedan resabios de una década autocrática (1990-2000) que es necesario desterrar para asegurar la gobernabilidad democrática y la viabilidad económica y social.
En este escenario de reforma constitucional, se ha avanzado en la eliminación de la reelección presidencial inmediata, pero siguen pendientes otras tareas de afirmación institucional de los poderes del Estado, para que más allá de su autonomía puedan demostrar más eficacia en su desempeño y en el trabajo coordinado, como debe ser, especialmente en la relación Ejecutivo-Legislativo.
El Poder Judicial y el Ministerio Público, lamentablemente, tienen una erosionada imagen, que los mismos magistrados deben evaluar de modo autocrítico, para asumir su responsabilidad y retomar, de una vez por todas, los proyectos de reforma profunda que demanda el sistema. Tiene que ser esta una política de Estado muy decidida que involucre al Congreso, al Gobierno y a la propia judicatura.
En cuanto al Congreso, la unicameralidad ha probado ser poco eficiente y ha devenido en una producción cuantiosa de proyectos de baja calidad legislativa. Ayudará a reducir el protagonismo personal el que los proyectos de ley sean presentados por las bancadas y no directamente por los congresistas. El Congreso tiene también que tomar medidas para recuperar su prestigio y desterrar la imagen de componenda y malentendida inmunidad, que es necesario revisar. Ha sido evidente durante el gobierno de Alejandro Toledo que el presidente de la República ha debido asumir tareas de un Senado y observar las normas populistas aprobadas por irresponsables congresistas. Ello, por supuesto, con el resquebrajamiento de sus índices de popularidad. Es importante pues el retorno de la bicameralidad.
En cuanto al Congreso, la unicameralidad ha probado ser poco eficiente y ha devenido en una producción cuantiosa de proyectos de baja calidad legislativa. Ayudará a reducir el protagonismo personal el que los proyectos de ley sean presentados por las bancadas y no directamente por los congresistas. El Congreso tiene también que tomar medidas para recuperar su prestigio y desterrar la imagen de componenda y malentendida inmunidad, que es necesario revisar. Ha sido evidente durante el gobierno de Alejandro Toledo que el presidente de la República ha debido asumir tareas de un Senado y observar las normas populistas aprobadas por irresponsables congresistas. Ello, por supuesto, con el resquebrajamiento de sus índices de popularidad. Es importante pues el retorno de la bicameralidad.
Se hace igualmente necesario el esclarecimiento y delimitación constitucional de las atribuciones del Tribunal Constitucional y del Sistema Electoral.